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Agoniza la abogacía (I)
04 Abr 2017

Agoniza la abogacía (I)

La Crónica del Quindío
Columa de Opinión
Domingo 2 de abril de 2017


Por Ernesto Amézquita

Ernesto Amézquita

Que el abogado es la columna vertebral del estado social de derecho. Que Sin Abogados no hay justicia. Que en Colombia existen cerca de 250.000 Abogados legalmente inscritos. Que cada año se matriculan 30.000 nuevos estudiantes en derecho y se gradúan cerca de 15.000. Que existen 190 programas para estudiar derecho. Que la mayoría de jueces y fiscales creen tener comprados de por vida los cargos y solo se recuerdan que son abogados cuando los destituyen, declaran insubsistentes o son retirados. Que cada día des judicializan más conductas o las trasladan a notarias, defensorías de “pobres”, cámaras de comercio, jueces de paz, centros de conciliación y arbitramento. Que todo el mundo es abogado hasta tanto no se le demuestre lo contrario. Que hay muchos colegios de abogados, pero no se ponen de acuerdo ni para una foto. Que existen abogados anti éticos, como en todas las profesiones. Que mensualmente se asesina a colegas en diferentes regiones o deben abandonar el país, sobre todo defensores de derechos humanos. Que este profesional no tiene seguridad social de parte de la justicia a quien sirve. Que los abogados somos procuradores judiciales. Que en Colombia el 90% de la población no cree en la justicia y en el otro 10% hay impunidad. Que se estigmatiza al abogado con la causa que está representando. Que los abogados nos estamos quedando sin oficio. Que los colegas están cerrando sus oficinas trasladándolas a su residencia. Que consorcios internacionales con pulpos del país están monopolizando asesorías a empresas públicas, privadas y al estado. Que antes los gerentes, ministros, congresistas, directores de empresas, rectores universitarios por lo general, eran abogados y ahora no. Que los egresados y recientemente graduados no encuentran empleo, no pueden ejercer, no tienen experiencia, solo vieron abstractas teorías. Que los clientes, jueces, fiscales y los gobiernos irrespetan constantemente a los profesionales del derecho en ejercicio. Que poderdantes se niegan reconocer los conocimientos, experiencia y esfuerzos de los togados y no quieren pagar sus honorarios ya que mejor buscan abogados de oficio, de las defensorías o consultorios. Que habilidosamente para no pagar honorarios muchos clientes denuncian a sus abogados y temerariamente el Consejo Superior de la Judicatura abre investigaciones a diestra y siniestra. Que la corrupción actual también salpica a muchos abogados. Que algunas facultades de derecho son universidades de garaje. Que el mercantilismo se ha venido apoderando de las universidades y de la conciencia de los nuevos profesionales. Que los cargos públicos de abogados están en manos de la politiquería. Que el abogado debe cumplir una función social y humanitaria, ante todo. Que los abogados tenemos un papel estratégico en el pos conflicto y la JEP. Que ya el derecho no da para vivir decorosamente. Éstas y muchas otras aseveraciones las escuchamos a diario casi siempre expresándose despectivamente de nuestra noble profesión.

La pregunta es ¿qué hacer ante este desolador panorama de una de las más antiguas profesiones? Estos y muchos otros interrogantes los hemos venido estudiando y tratando de responder desde esta columna y la creada con muchas expectativas Acofade, en sus congresos de Tunja, Cartagena, Bogotá y que continuaremos debatiendo en el Gran XI Congreso Nacional del 8, 9 y 10 de junio, al cual invitamos, en la Uniautónoma de Popayán, donde venimos participando importantes organizaciones como el Colegio de Juristas del Quindío, Colegio Nacional de defensores públicos, Andal, Conalbos, Colectivo GBM, y otros organismos.

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